Scott Speed en foco

SCOTT SPEED
por Maximiliano Catania/FUNO
Buenos Aires (AR), 05 Ago 2007

Para el avezado lector, es inevitable buscar situaciones similares en el pasado a la hora de tratar de entender realidades cotidianas, como una forma de poder descifrar en el ayer un patrón de comportamiento para las cosas del ahora. No fueron pocos los que emplearon tal metodología cuando el que se daba de bruces en la Fórmula Uno era nada más y nada menos que Scott Speed.

Dos nombres, dos realidades parecidas y un mismo país. Michael Andretti y Scott Speed, en un período de 14 años, representaron a Estados Unidos en el selecto grid de la F1. En ambos casos, no se les pagaba con la moneda de la gratitud, sino todo lo contrario. Presas del resultadismo, los representantes yanquis han sido chivos expiatorios de un verdadero "matrimonio fallido": el de la más exigente especialidad y el automovilismo norteamericano.

En 1993, entre bombos y platillos, se anunciaba a Michael Andretti como segundo piloto de McLaren International; un nuevo escudero para el mítico Ayrton Senna. Se decía entonces que la concatenación del hombre de Pennsylvania (hijo del campeón 1978, Mario Andretti) y los motores Ford, significaría una patriada hollywoodense que eclipsaría incluso la falta de un Gran Premio de EE.UU. (el último había sido en 1991). La escudería comandada por Ron Dennis debía ser el medio para la consagración de Andretti, hombre exitoso en la vernácula Indy. Pero no: el coche no tuvo el rendimiento esperado y sólo Senna pudo ingresar en la lucha por el título, más por su magia que por la máquina a disposición. Michael, en las antípodas, conocía de deshoras en la carlinga de su monoplaza, lo cual fue degradando su relación con la escuadra. Mika Häkkinen, europeo, le reemplazaría para el cierre de la temporada. El finlandés se había ganado el respeto del team, lo cual le valdría después un vínculo casi de una década con la marca y dos Campeonatos del Mundo. Andretti, sólo tercero en Monza '93, volvería a su país para ser el mejor del Indy y el CART. De la patriada hollywoodense, nada.

En 2005, otro mojón de la "sociedad conyugal en crisis": el complot de los equipos usuarios de Michelin en el Indianapolis Motor Speedway cuando el Gran Premio de Estados Unidos. Sólo seis pilotos participaron de aquella competencia, ganada por Michael Schumacher (Ferrari), lo cual era apenas anecdótico puesto que los espectadores todos repudiaron a la categoría. Entonces, algún ideólogo encontró que un tal Scott Speed era talentoso en la nueva GP2 y para colmo estadounidense, lo cual serviría para acercar las culturas que hasta la fecha habían conocido sólo de turbulencias.

La BBC World Service rezaba en marzo del 2006: "La Fórmula Uno ha creído desde hace mucho tiempo que necesita la presencia de un corredor estadounidense para lograr penetrar en la afición de ese país". Por algo será que Red Bull Racing (RBR) se habrá fijado en el californiano, entonces. Le endilgaban una butaca del segundo equipo de RBR - Toro Rosso (ex Minardi) - y hacía lo posible. Su tercera carrera le vería en zona de puntos, con un octavo puesto en Melbourne (GP de Australia); pero una vez multado por superar coches con banderas amarillas, todo quedaría en la nada. Encima, se le conocería un incidente verbal post-carrera con David Coulthard, también piloto de la marca Red Bull. Speed ya hacía su fama de volante de personalidad complicada en el grid.

"Pienso que, fundamentalmente, soy egocéntrico, arrogante y muy competitivo, y esas cosas hacen que yo sea difícil para el trato. Pero esa conjugación de cosas me ha hecho llegar lejos en el automovilismo, y no me quejo. Soy brutalmente honesto, y hasta quizás políticamente incorrecto, pero así son las cosas".

Speed tendría en su temporada de exordio varios kilómetros realizados, sobre la base de una inusitada confiabilidad del motor Cosworth montado en el chasis de su Toro Rosso. Pero cuando tuvo su oportunidad de local, en Indianápolis, una temprana escaramuza de ajenos le afectaba. Una pena: había logrado clasificar 13°. Su coequiper Vitantonio Liuzzi terminaba octavo...

Confirmado sobre el final del mes de febrero, Speed tendría su segunda temporada de F1 con el equipo Toro Rosso en el 2007. Era hora de las cosas importantes: Dietrich Mateschitz había decretado para el team satélite de RBR la incorporación de los motores Ferrari. Pero en las diez primeras carreras del certamen (hasta Nürburgring) no se pudo dar en el blanco, ni con Liuzzi ni con Speed. La gota que rebalsó el vaso fue el abandono de Speed antes del ingreso del safety car en el lluvioso Grand Prix de Europa. Resultado: fisuras internas en el equipo, algún grito desubicado e indicios de pugilismo.

Speed es un hombre que tiene una visión distinta del automovilismo. Seguramente todo cambió cuando se dio cuenta de que una de las formas para combatir su colitis ulcerosa era tomarse la vida de manera más tranquila, con cierto desapego de la formalidad y la excesiva rigidez diaria. "No creo que haya otro piloto que sea dos décimas mejor que todos. Miren a Schumacher, por ejemplo. Podrán decir lo que quieran, pero cuando las cosas no andaban bien, él se relamía, atacaba y terminaba equivocándose más y más. Igual que todos nosotros. No hay que hacerse mala sangre".

Por eso, no entendió el proceder del equipo, tras su abandono en el Nürburg. "Mi jefe Franz Tost está desquiciado. El hecho de que yo haya despistado en la Curva 1, a la salida de boxes, lo descolocó. Ni siquiera le importó que casi todos los pilotos sufrieran de tal percance, a saber: Jenson Button, Lewis Hamilton y Nico Rosberg.

"Él (Tost) estaba furioso porque quedé fuera. Cuando le pregunté por la magra detención en pits que antecedió el despiste, me dijo: 'No importa porque al fin y al cabo chocaste', y no quiso oír críticas sobre el funcionamiento de la escuadra. Quiso enchufarme todo el problema.

"Después de eso me di vuelta y me fui hacia el garaje, y al parecer me siguió detrás. Cuando llegó a mi posición, me pegó en la espalda con el puño cerrado. Todos lo vieron, pero nadie va a decir nada.

"Me tiró del buzo antiflama y me encerró contra una pared de por ahí. Lo que hice después fue preguntarle si lo que quería era pegarme delante de todos.

"Acto seguido, como podrás imaginar, estaba más que furioso. Caminé hacia el pit wall en busca de todos para contarles lo que me había hecho. Encontré al responsable de equipo, al director técnico, y a Gerhard Berger, y les dije bien clarito, que si mi jefe me tocaba de nuevo, él no la iba a contar más.

"Ellos dijeron: 'Bueno, a ver si nos calmamos un poco...'. Asentí, y me fui al motorhome para quedarme ahí hasta el final de la carrera. A ese punto, Gerhard y Franz me vinieron a visitar. Estuvieron 15 minutos pidiéndome disculpas.

"Me temo que no volveré a correr en la escuadra. Igual, aunque me paguen una millonada no volvería a trabajar para esos dos otra vez. Si fuera en otro equipo, sería genial. Me da pena por la relación que tengo con Red Bull. Quisiera continuar con la marca, aunque sea fuera de la F1.

"Al principio me manejé con códigos y no quise contar nada de todo esto porque pensé que las disculpas de estos dos señores eran honestas. Pero, visto y considerando que ellos dos están esparciendo versiones distintas a la realidad, me vi obligado moralmente a destapar la olla".

Speed sería reemplazado para el Gran Premio de Hungría por el próximo en la lista del Programa de Desarrollo de Talentos de RBR, Sebastian Vettel, quien corrió en Indianápolis con BMW suplantando entonces a Robert Kubica.

Dos nombres, dos realidades parecidas y un mismo país. Michael Andretti y Scott Speed, en un período de 14 años, representaron a Estados Unidos en el selecto grid de la F1. Andretti haría las valijas antes de tiempo por Häkkinen. Speed fue rápidamente reemplazado por Vettel. En esta fallida "relación F1-EE.UU." se suma el hecho que Indianápolis no sería parte del calendario 2008 de la máxima categoría. Speed cierra: "Ya tuve suficiente. Esto que hicieron fue cortar por lo más delgado, y ahora van por Tonio Liuzzi. Una pena". En el paddock se comenta que el reemplazante del italiano sería Sébastien Bourdais. Otro caso de resultadismo versión siglo XXI.