Esteban Tuero en foco

ESTEBAN TUERO
por Maximiliano Catania/FUNO
Buenos Aires (AR), 09 Oct 2002

El niño devenido hombre tras una decisión radical, cambiando las mieles de la F1 por el calor de los suyos. El día que Tuero dejó con la pluma en mano a Gian Carlo Minardi y el deseo de triunfar a lo grande algún día.

El ambiente se conmocionaba al escuchar la noticia. Principios de 1999. Esteban Tuero, argentino nacido el 22 de abril de 1978 en Caballito, distrito residencial de Buenos Aires, se iba de la máxima categoría de forma traumática. Las "razones personales" pesaban más que el privilegio de una butaca disponible en el más alto nivel del automovilismo.

Se cansaba de todo: de la soledad del Viejo Mundo, de las carreras miradas desde el fondo, de Shinji Nakano, de la cara de Minardi... Cambiaba todo por el café con leche y medialunas de este lado del globo, por las rondas de amigos, por esas tardes en la cancha alentando a Ferro Carril Oeste, por el beso de las buenas noches de la Vieja...

Demasiadas presiones para el talentosísimo joven. En aquel tiempo, en algún despacho de Italia, Gian Carlo Minardi crujía los dedos de sus laboriosas manos, mientras miraba el reloj - primero -, el teléfono - después -, esperando alguna señal del que fuera su piloto 1998, pensando que aquello del apretón de manos y despedida se trataba de un chiste. El contrato yacía sobre la mesa. Esteban, sin embargo, se recluía en sus motivos, sus "razones personales".

Sólo se permitía prolongar la calidez amanecida en Faenza de la amistad de Gabriele Rumi, a quien conversaba por teléfono para su cumpleaños. Con la mente puesta en empezar de cero nuevamente, aceptaba el ofrecimiento de Guillermo Maldonado para conducir uno de los VW Polo oficiales que había dejado vacante Gustavo Der Ohanessian para encarar la sesión '99 del TC2000. Tuero comenzaría así a demostrar que seguía siendo el mismo quien, al asumir por vez primera un coche sobre Vallelunga (Italia), batiera el récord del trazado a bordo de un F2.

Se recuerda del porteño su llegada a la categoría reina, tras la breve participación de su compatriota Norberto Fontana con un Sauber en el '97. En su mirada conjugaba la inquietud de un adolescente con la flema de un experimentado. "Estoy tranquilo y quiero hacer las cosas lo mejor posible. Cada piloto tiene que trazarse objetivos claros. Nosotros tenemos que aplicarnos a terminar la carrera y, si se puede, con suerte, llegar entre los diez primeros. Pero la realidad indica que estar adelante es muy difícil. Más allá de esto, todo me es nuevo. Aprendo en cada charla con los ingenieros, con los mecánicos. Lo que más me asombró es la visión que se tiene desde el auto: te parece que va a ras del piso y que todo lo demás es gigantesco. Nada está librado al azar: el deportólogo del equipo, Riccardo Ceccarelli, me prepara la dieta pre y post competencia. Además de la alimentación especial, nunca falta el plato de pastas, por lo general con aceite de oliva...".

Tras su abrupta ida del team a fines del certamen, sobrevinieron las dudas. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Y ahora? "Me fui solo: a mí no me echaron. Soy consciente que durante la primera mitad de la temporada anduve más fuerte que Nakano, y que en la segunda mitad ocurrió lo contrario. Pasa que durante los fines de semana de carrera estaba todo bárbaro. Pero el lunes desayunaba solo, almorzaba solo, cenaba solo y paseaba solo. Y si quería hablar por teléfono con algún amigo gastaba 50 dólares. Cuando vi que al año siguiente iba a estar igual, aportándole dinero al equipo y en los puestos de atrás, decidí volverme. En mi país puedo hacer la vida que hacen los pilotos europeos en la Fórmula 1: corro, cobro casi lo mismo y puedo estar con la gente que quiero.

"El ahora es el TC2000. Ya estoy afianzado y totalmente integrado a la categoría. Además quiero ser el piloto número uno del país y para eso tengo que ser campeón del TC2000. Creo que esta categoría junto con el TC son las de mayor prestigio y trascendencia pero el TC2000 me parece más serio. Además quiero ser campeón para pensar en otras metas futuras, entre ellas volver al automovilismo internacional. ¿La F1? No sé, eso es muy difícil; tal vez pueda ser por el lado del Turismo. Primero tengo que salir campeón en Argentina".

Visto está que Tuero continúa conjugando la inquietud de un adolescente con la flema de un experimentado, con la ilusión intacta de proyectarse a gran escala y la sinceridad de tener los pies sobre la tierra. Salve.