Bertrand Gachot en foco

BERTRAND GACHOT
por Maximiliano Catania/FUNO
Buenos Aires (AR), 15 Jul 2007

En cualquier disciplina, el acervo estadístico puede convertirse en acerbas estadísticas si es que se actúa con impericia y/o animadversión. Para que ello no ocurra, es fundamental fijar un punto de referencia correcto, transitando los canales del análisis justo con el fin de arribar a conclusiones - como mínimo - tangentes a la realidad. De análisis injustos fue a veces presa Bertrand Gachot.

Para los analistas de la información que restringen la vida de un automovilista a la participación del mismo en la Fórmula 1, Gachot inició su trayectoria el 26 de marzo de 1989 - en ocasión del Gran Premio de Brasil - y finalizó su palmarés el 12 de noviembre de 1995 - cuando el Grand Prix de Australia.

Pero no, la enumeración de fechas ni siquiera es acertada del todo. Gachot, belga nacido el 23 de diciembre de 1962 en Luxemburgo, no comenzó su derrotero en la F1 el 26 de marzo de 1989, sino el viernes 24 de marzo de 1989, cuando su Onyx/Ford N° 37 le dejaba fuera de las preclasificaciones temprano en la mañana de Río de Janeiro, con un 13er guarismo (38° y último en la general). De todas maneras, la corrección no es suficiente para presentarle hidalgamente.

Bertrand Gachot, criado en el floreciente Benelux, empezó a encauzar su apetito por la velocidad en la adolescencia, agostándose la década del '70. Entonces el karting le llamaba la atención: eso de ir rápido era como música para sus oídos. Recomendado para mejorar ciertos aspectos conductivos, acudía a la École de Pilotage Winfield en Paul Ricard (Francia) en 1983, y llegaría a disputar ese mismo año el Volante Elf, galardón que finalmente quedaría en poder del marsellés Éric Bernard.

Sobrevendrían años posteriores en el Reino Unido: primero la Fórmula Ford; más tarde la Fórmula 3. Salvaba su pellejo en Brands Hatch '85 cuando su monoplaza de FFord 1600 capotaba tras morder la banquina. Afortunadamente, eran sólo magulladuras. El ascendente muchacho generaba la confianza de los jefes de equipo, y nada sería en vano: se proclamaba campeón de la FFord 1600 en 1985 y de FFord 2000 en 1986 con el Pacific Racing; y subcampeón 1987 en la F3 de las Islas alistado en el West Surrey Racing, equipo en el que otrora participara Ayrton Senna.

Tras un oscuro 1988 en la F3000 bajo las órdenes de Spirit Racing, la mejor de las noticias llegaría: una butaca asegurada en la F1. El equipo era nuevo: Onyx. Le costó adaptarse al neonato team, que sufría de altibajos. Promediando la temporada, era separado de la estructura por unos entredichos que había tenido con el nuevo dueño de la escudería, Jean-Pierre van Rossem, el mismo que había reclutado a Gachot por afinidad nacionalista a comienzos de 1989. Un extravío en Coloni a la postre (1990), sería la antesala para la oportunidad de correr en otro nuevo equipo: Jordan (1991). Allí aparecía competitivo. Quinto en Canadá, sexto en Silverstone y Hockenheim. Incluso obtendría la vuelta rápida en Hungría. Pero después, la suerte que es grela, le tenía reservada una celda en Gran Bretaña, por errores cometidos en el pasado reciente. La espiral descendente, ya sería otra historia. Un año en Larrousse (1992), 365 días de ostracismo de F1 (1993) y un bienio en Pacific (1994-1995) representarían las últimas páginas de un libro, cuyo prólogo le anunciaba como una gallarda promesa.

El quiebre tenía un porqué. Lunes 10 de diciembre de 1990. Londres, caos vehicular. Un taxímetro se cruza en la vía con el coche de Gachot, y el franco-belga, enfurecido, sale de su auto y rocía con gas paralizante CS al chofer. Eric Court, el taxista, envuelto en lágrimas producto del aerosol, habrá murmurado: "Todo vuelve". De hecho, en agosto del '91, la Justicia del Common Law enviaba a la cárcel a Gachot, el mismo que había ganado la última edición de las 24 Horas de Le Mans en compañía de Johnny Herbert y Volker Weidler. Entonces Gachot lloraba, también.

El surrealista panorama era favorable para la aparición de un joven alemán, quien - rápido como en las pistas - se abalanzó hacia el espacio dejado por el belga en Jordan. Allí nacería la historia de Michael Schumacher en la máxima categoría, corriendo el 7Up Jordan N° 32 en el GP de Bélgica de 1991. En aquella carrera, donde el encarcelado volante hubiera sido local, algunos seguidores vestían remeras con una simbólica inscripción: "Dios salve a Gachot".

"Todavía algún conocido repara en mí, agradeciéndome - con sorna - el hecho de que mi situación significó la aparición de Schumacher en la F1. Fue un error y pagué por ello. Un error que malogró lo que había sido un buen año para mí. Digo, vencer las 24 Horas de Le Mans con un Mazda frente a los Jaguar y Mercedes-Benz no es un logro menor. Destaco asimismo mi quinto puesto en Montréal con el Jordan, a inicios de ese mismo mes... Qué lástima lo que ocurrió después.

"Al volver a Jordan me encontré con las puertas cerradas. Alessandro Zanardi ocupaba mi lugar, luego de que Schumacher y Roberto Moreno tuvieran fugaces apariciones sobre ese cockpit. Con Larrousse demostré que no todo estaba perdido, alcanzando la sexta ubicación en Monte Carlo. Después, el año siguiente, en Indy corría Toronto; y luego se me daba la chance de volver a la F1 con el proyecto Pacific (más tarde, Pacific-Lotus)". Tras idas y venidas, el 8° puesto en Adelaida '95, habiendo largado desde la última plaza, sería su digno final de F1.

Otra vez la suerte no estuvo de su lado cuando intentó repetir la hazaña de Le Mans años después, en fallida alianza con la automotriz coreana SsangYong. Devenido empresario del siglo XXI y propietario de la compañía de bebidas energizantes Hype (que auspició el Gran Premio de Canadá 2007), concluye: "Es fácil analizar el pasado estando en el presente. Hay personas que dicen que Schumacher ocupó el lugar que la Fórmula Uno tenía reservado para mí, lo cual es cierto en sentido literal. Nada más. Pero a no olvidar: Schumacher es Schumacher".