Oscar Larrauri en foco

LA ERA POST REUTEMANN (1982-HOY)
por Maximiliano Catania/FUNO
Buenos Aires (AR), 01 Mar 2003

Desde el segundo lugar de Carlos Reutemann con un Williams en el Grand Prix de Sudáfrica de 1982, ningún piloto argentino logró llegar tan alto en los registros de la Fórmula 1.

Los conductores que representaron la Nación sudamericana - cuna del quíntuple campeón Juan Manuel Fangio y otros tantos grandes volantes - tras la última incursión del santafesino en la máxima categoría, se caracterizaron por el combativo rasgo en los distintos escenarios del mundo, siendo honorables dignatarios del automovilismo argentino, pero sin el suceso del Lole: Oscar Larrauri, Norberto Fontana, Esteban Tuero y Gastón Mazzacane.

Si bien se establece como inicio del análisis la competencia de Kyalami en 1982 (previa, por cierto, a la Guerra de Malvinas, que terminara por aislar al país del Reino Unido y del resto del mundo), la realidad muestra que la última victoria efectiva de un argentino en la especialidad fue en Zolder (Bélgica) en 1981, justamente de la mano de Reutemann, cuando éste luchaba el campeonato palmo a palmo hasta la última fecha con Nelson Piquet (Brabham). Ése era el año en que sus otros dos compatriotas hacían los últimos intentos por consolidarse en la F1: Ricardo Zunino (ex Brabham) debió cerrar vínculos con Ken Tyrrell para que a partir de San Marino ocupara su butaca Michele Alboreto; y Miguel Ángel Guerra - paradójicamente en el circuito de Ímola - esfumaba en la colisión inicial de GP (con Eliseo Salazar) su chance de proyectarse con un modesto Osella.

El primero que hidalgamente intentó revivir los tiempos de otrora fue Oscar Larrauri, ganador del Mundial de Sport en 1987. Claro que el Euro Brun que tuvo a su disposición para lograr tal fin no ayudó mucho, limitándole a las sesiones clasificatorias en reiteradas ocasiones. Sin embargo, recuerdos como su prestación en las tandas cronometradas de Mónaco 1988 o el 13er lugar en México ese mismo año hablan bien del Poppy, dejando en claro que con una máquina más gallarda hubiera ido más lejos.

Norberto Fontana - la gran promesa nacional sobre monopostos al ganar en F3 alemana y categorías afines - parecía ser beneficiario de una gran oportunidad para desenvolverse en la F1, en 1997, al asumir (era tester) el Sauber de un convaleciente Gianni Morbidelli... por cuatro carreras. Italiana como el motor Ferrari (codificado Petronas) y el piloto titular, la butaca debió ser devuelta a su dueño. Dos novenos puestos del arrecifeño no alcanzaron para conformar al riguroso Peter Sauber. Y Fontana no regresó.

Con sus 20 años, Esteban Tuero - el más joven debutante de los pilotos argentinos - lidió una temporada entera (1998) sobre un Minardi, realizando aceptables performances como su vuelta de clasificación en Melbourne (Australia), su desempeño de local en Buenos Aires y el 8° puesto en San Marino. A fin de año prefirió no renovar el contrato que le unía a la escuadra peninsular por razones personales, alimentadas por su deseo de ser más competitivo y la nostalgia de su vida en la metrópoli porteña, junto a su familia.

Finalmente, y también en Minardi, Gastón Mazzacane ingresó a la F1 en el 2000, corriendo mejor suerte que sus connacionales antecesores, merced a una prolija regularidad en el manejo, siendo en esa temporada el 6° en el ranking de total de km recorridos y el 3° en mayor cantidad de vueltas realizadas. Llegó 8° en Nürburgring (Europa) y 10° en un par de ocasiones, teniendo una destacable labor en la carrera de Indianápolis (EE.UU.), lo que le valió un vínculo con Prost Grand Prix en 2001, el cual sufrió una ruptura tras la competencia de San Marino en medio de la crisis que envolvió al equipo y lo llevó a la bancarrota al cierre del ejercicio.

Hay en esta hora grandes promesas argentinas en las categorías promocionales. En ellas recae la esperanza de retornar a los gloriosos tiempos del automovilismo argentino.