Emerson Fittipaldi en foco

EMERSON, EL PADRE DEL AUTOMOVILISMO BRASILEÑO
por Rafael Ligeiro*
São Paulo (BR), 20 Ene 2007

Parece que fue ayer cuando Emerson Fittipaldi cambiaba la leche por el jugo de naranja para celebrar el bicampeonato en las 500 Millas de Indianápolis.

Mas no fue hace tanto tiempo. Ocurrió en 1993, año en que el mundo automovilístico también presenciaba los últimos espectáculos de Ayrton Senna a bordo del McLaren-Ford número ocho. Época en que la selección brasileña de balompié, a la sazón tricampeona mundial, encaraba las eliminatorias para la Copa de Fútbol de Estados Unidos con el desprestigio de la prensa a cuestas; el presidente de la República era Itamar Franco y el plan Real daba sus primeros pasos en el Congreso para reemplazar al cruzeiro, cruzado o quién sabe cuál moneda de época.

Pero, de hecho, el tema de este artículo es Emerson Fittipaldi, quien el día 12 de diciembre ingresó en la lista de los ex pilotos sexagenarios. Por cierto, con Rato, Brasil ingresó definitivamente en la lista de las principales naciones del deporte motor. Con Fittipaldi, Brasil "aprendió" a vencer en la Fórmula 1 y en el Champ Car.

Hasta el debut de Emerson en la F1, hacia 1970, los números del País en la categoría eran modestos. En 20 años, solamente 3,5 puntos - obtenidos con cuartos y quintos lugares en competencias. Vale destacar asimismo que ningún representante brasileño se alineó en un grid de la máxima entre los campeonatos de 1960 y 1969. Sin embargo, más lamentable que tal anécdota es comprobar un verdadero "desperdicio", pues, durante la primera década de la F1, Brasil contó con pilotos de buen manejo, como Chico Landi y Hermano da Silva Ramos. Pero carentes de soporte financiero y lejos de los equipos oficiales, era difícil hacer frente a rivales como Juan Manuel Fangio - quien además de talento incuestionable contaba con el "apoyo" del gobierno de Perón. Sin embargo, las cosas fueron diferentes con Emerson. Luego de coronarse en la Fórmula 3 inglesa, llamó la atención de dos respetables jefes de equipo: Colin Chapman, de Lotus, y Frank Williams, de De Tomaso.

Así como en la temporada 2006, en aquella época el equipo de FW no funcionaba a las mil maravillas y, a pesar de las tentativas del dirigente para la contratación del brasileño - inclusive después de la muerte del piloto principal de la escuadra, Piers Courage, Emmo firmó un contrato de tres años por 200 mil libras para correr en Lotus. En el equipo de Chapman, experimentó una asombrosa evolución: puntuó en su segunda carrera (con el cuarto lugar en Alemania) y venció en su cuarta presentación, en Watkins Glen - resultado que garantizó el título póstumo para Jochen Rindt, fallecido en los entrenamientos del GP de Italia. En 1972, con una fuerte inyección financiera de la British American Tobacco, el brasileño dominó la temporada a bordo del estable Lotus 72. Ganó cinco carreras, obtuvo ocho podios en 12 competencias, y además se aseguró el campeonato con dos fechas de antelación en Monza, el mismo circuito que se llevara la vida del amigo y compañero de Lotus Rindt dos años antes.

Si correr para Lotus fue una decisión acertada en la trayectoria de Fittipaldi, lo mismo no puede decirse con respecto a su incursión en Copersucar-Fittipaldi. Y es allí donde surge algo curioso: muchos asocian a Fittipaldi en la Fórmula 1 con su fracaso en el equipo brasileño y no tanto con las victorias y títulos que supo obtener en las temporadas anteriores. Lógicamente, el cambio de McLaren por Copersucar-Fittipaldi le significó una abrupta interrupción en el logro de conquistas en la categoría. Se sabe bien eso, pero puede interpretarse también que el cambio de equipo impidió a Emerson convertirse en el brasileño con más títulos en la especialidad. Pero, piensen. En una época en que el "brasileñismo" afloraba al compás del milagro económico, con victorias en los campos y en las pistas, el haber seguido algunas temporadas más en una formación de primera línea dejando de lado la Copersucar hubiera sido como "ignorar la Patria". Y después de ver naufragar su equipo, Emerson regresó a las luces de la fama, en la antigua Fórmula Indy.

Por cierto, tuve el privilegio de seguir las últimas cuatro temporadas del paulista en el automovilismo de Estados Unidos. Sin presiones, Emerson derrochaba lo mejor de la vieja competencia a bordo de los inconfundibles coches de Penske. Su estilo de manejo era el mismo de los tiempos en la F1. No era de aquellos que encantaba por la audacia - como Gilles Villeneuve y Ronnie Peterson, sino que su andar era de los más constantes y sobrios. Por esa característica, se equivocaba poco y mantenía una asombrosa regularidad. Prueba de ello es que durante once temporadas consecutivas sumó al menos una victoria por año en el Champ Car.

La importancia de Fittipaldi en el automovilismo brasileño es indiscutible. Con todo, todavía es más interesante notar que además de las victorias, Emerson tenía una generosa estrella. Además de las conquistas, estuvo presente en momentos importantes de fieras de Brasil en las categorías top de deporte motor mundial. En 1975, completó el 1-2 en la única victoria de José Carlos Pace en la F1, en Interlagos. Cinco años después, en Long Beach, Nelson Piquet obtuvo la primera de sus 23 victorias en la categoría. Emerson estuvo en ese podio, ocupando el tercer lugar. En 1992, Ayrton Senna se mordía los codos por no poder manejar un Williams. Fittipaldi facilitó al tricampeón unos ensayos con Penske, en el circuito de Firebird. Ya en 1995, acompañó el desembarco de una talentosa generación verde-amarela en el Champ Car, comandada por Gil de Ferran y André Ribeiro, que volvería a llevar a Brasil a las grandes conquistas en esa categoría.

Por lo tanto, que me disculpen "sennistas" y "piquetistas". Con Piquet y Senna, maduró la pasión del brasileño por la Fórmula 1. Pero fue con Emerson que Brasil emergió en el automovilismo mundial.

* traducida por Maximiliano Catania/FUNO


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