Juan Pablo Montoya @ GP de Brasil 2004 en foco

PUNTO DE INFLEXIÓN
por Maximiliano Catania/FUNO
Buenos Aires (AR), 12 Nov 2004

Diez años atrás, con la presión de sí mismo, Ayrton Senna se brindaba a su fiel público del circuito de Interlagos para intentar obsequiarle una victoria en el GP de Brasil. La máquina a disposición (Williams/Renault) no era lo suficientemente confiable para proezas, y un despiste - mientras protagonizaba un sprint a Michael Schumacher (Benetton/Ford) - dramatizaba el espíritu del colectivo de aficionados hasta proyectarlo a un insondable subsuelo, en Ímola, un mes y medio después.

Por ese entonces, Juan Pablo Montoya hacía sus primeras armas en las promocionales de América, sin siquiera imaginarse que vendría a ocupar un lugar trascendental en la F1 a un decenio vista. Superando etapas como si de coches se tratara, los logros arribaron para el colombiano vía Fórmula 3000 - primero - y CART - después -, con un paso tal sobre el asfalto de ocasión que se hacía desear por la máxima categoría del globo: mientras que la antesala de la F1 por antonomasia (1998), le hacía conocer los circuitos del Viejo Mundo; los óvalos norteamericanos (1999) le brindaban improvisadas clases de cómo tener aplomo para afrontar la caída en batalla de sus compañeros (Gonzalo Rodríguez en Laguna Seca, Greg Moore en Fontana). Juan Pablo, pese a no ser una persona a la que se convence con sencillez, aceptó precipitar su ingreso programado a la soberana especialidad a pedido de su novia Connie, que temía por la vida de su hombre frente a lo inestable que se venía tornando la serie más popular de Estados Unidos a fines de la década del '90.

Ensayó kilómetros y kilómetros con el Williams/BMW durante 2000, perfeccionando los conocimientos ganados en su año de tester dos ejercicios atrás, y finalmente la oportunidad mayor llegó en el primer campeonato del siglo XXI, con Ralf Schumacher de compañero de equipo. Tras dos carreras para el olvido (Australia, Malasia), JP encontró en Brasil la luz del túnel, deslumbrando a propios y extraños para empardar en la segunda vuelta de competencia lo que Michael Schumacher había construido en un año de labor conjunta con la Scuderia Ferrari. El iluminismo que duró medio Gran Premio de parte de Montoya (hasta el incidente protagonizado con Jos Verstappen) no por breve dejó de ser emotivo en opinión de algunos nostálgicos espectadores, amantes de un estilo conductivo entregado básicamente al público y 0% especulativo. ¿No les hacía recordar a alguien?

Más tiempo pasó en la vida de Montoya hasta la carrera brasileña de 2004, con idas y venidas del personaje, las peleas con su coequiper Ralf, etc.; tiempo en que un puñado de volátiles aficionados volcaron las acciones depositadas en JP hacia el fortalecido Fernando Alonso (Renault). Catalogado de arrojado en exceso en cada curva, el colombiano admitió después de mucho tiempo que los altibajos experimentados han sido propios de una época en la que el paquete confiabilidad-éxito es monopolio de Ferrari. En su despedida de Williams, quizás con la mente más despejada y el contrato 2005 de McLaren de respaldo, retornó a la senda del triunfo luego de un extravío extendido desde el GP de Alemania 2003.

El fervor, la estampa latina de Montoya parecen encontrar en el cambio de aire un buen cimiento. Es promisorio para Juan Pablo saber que en Brasil había cristalizado su talento por vez primera (2001), y que ahora, después de claroscuros, volvió al escalón más alto del podio, antes de mudar de hábitos. Si en efecto la carrera de Interlagos 2004 es un punto de inflexión para Montoya, será tiempo de una mejor F1 para todos nosotros.