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[O]: El Williams de Fórmula 1, con el probador catalán Marc Gené, volvió a girar en un Autódromo repleto que lo vivió como una fiesta. Hubo largadas e hizo trompos. (Images, Drivers, Marc Gené, 2004, provided by Ezequiel Ponce) GRACIAS POR LA VISITA
provista por Ezequiel Ponce
Buenos Aires (AR), 01 Nov 2004

Crónica de Mauro Feito y Martín Urruty - publicada en el diario Olé - sobre los ensayos realizados por un Williams de Fórmula 1 en el Autódromo Oscar Alfredo Gálvez, en ocasión de la primera edición de los 200 Kilómetros de Buenos Aires.

"Fue fantástico, me gustó mucho la recepción que me brindó un público que tenía muchas ganas de ver un Fórmula 1. La pista estaba demasiado ondulada para un auto de F-1. Y tampoco tenía referencias del circuito. Los únicos comentarios eran los que me había hecho mi hermano Jordi (corrió en TC2000 con Esteban Tuero). Creo que los jóvenes que no vieron la Fórmula 1 y aquellos que la vieron la última vez que la categoría estuvo aquí, quedaron gratamente impresionados", dijo Marc Gené. Español, latino como cualquier argentino que estaba ayer en el Autódromo, sabe lo que se sentía detrás del alambrado. A las 11:14, el arranque eléctrico les dio vida a los diez cilindros del BMW. Doce segundos después, pisaba la calle de boxes. Gritos, lágrimas, oídos agradecidos, ojos clavados en una figura: el Williams de 2003. La F-1, aunque en forma de exhibición, estaba otra vez en la Argentina. Como asomarse al Primer Mundo al que se creyó pertenecer hasta fines de los 90, cuando se corrió el último GP ganado por Michael Schumacher y su Ferrari.

Nada podía fallar. El equipo había traído un motor, una caja, un diferencial y sistemas electrónicos de repuesto por si algo salía mal. Gené, como el sábado, arrancó con una serie de cuatro vueltas. El público, abarrotado en las tribunas, había derribado varias vallas para estar al menos un centímetro más cerca del Williams. No era con Lole Reutemann al volante, como Frank Williams había propuesto. Pero valía.

Luego, el español entró a boxes y luego de una simple revisión técnica (duró segundos), volvió al asfalto. Esta vez, Juan Manuel Silva también lo hizo con el Honda Civic. El promocionado Challenge de Petrobras (la petrolera brasileña que pagó 150.000 dólares para la demostración) enfrentó a los dos autos. Lógicamente, el Pato largó 20 segundos antes que Gené. Fue increíble ver a Silva en la Horquilla y a Gené recién en el Tobogán. Cuando cruzaron la meta, el Williams ya lo había superado. En el epílogo, Marc sorprendió a los argentinos. Calibró mayor poder de freno en el tren delantero y aceleró a fondo el Williams, que daba trompos sin parar en plena recta. Gracias.

Menu servido. Nadie, 48 horas antes, se habría permitido pensarlo. El suizo Alain Menu salió a pista el viernes para cumplir con el primer entrenamiento para los pilotos invitados a los 200 Kilómetros de Buenos Aires y falló el mejor motor de los cinco que el equipo oficial Chevrolet había llevado al Autódromo Oscar Gálvez. Sin haberlo abierto, el impulsor será enviado a Alemania para que lo revise su fabricante, la empresa familiar Spiess. Ese motor roto era el que había usado Marcelo Bugliotti para ganar en Alta Gracia. Esta vez lo tenía colocado el Astra de Christian Ledesma y su invitado europeo. La tendencia a sacar la trompa, que obligaba a demorar la aceleración en el circuito 9, fue el problema siguiente que presentaron los Chevrolet a Diego Bruna y Alejandro Venturi, la joven dupla de preparadores cordobeses. Una clasificación pobre para las pretensiones pero que permitía mantener las esperanzas en una carrera de resistencia más que de velocidad. La coronación anticipada de Ledesma como campeón argentino, el primer título de Chevrolet en 25 años de historia de TC 2000, parecía entrar en lista de espera hasta la próxima fecha (Rafaela). Sin embargo, horas después de aquellos avatares, los Chevrolet marcharon firmes al podio - detrás de la gloria de la pareja Ponce de León-Patricio di Palma con el Focus oficial - luego de haber mostrado su habitual confiabilidad en carrera y un paso decidido a la consagración, sin más obstáculo que el requisito numérico.

Un prolijo trabajo de equipo, la consistencia de dos parejas sin grandes fisuras, el aguante de los Astra y los vaivenes de una carrera larga que, curiosamente, sólo tuvo una interrupción del auto de seguridad, fueron los ingredientes del cóctel que le permitió a Ledesma, Menu, Bugliotti y el brasileño David Muffato estar en el brindis final. El puntero del campeonato culpó a la radio y Menu confirmó que el aparato no había funcionado. Entonces, cuando el aparatoso despiste de Norberto Fontana en la Bajada del Tobogán permitió inferir que habría neutralización (período en el que no estaba permitido concretar el cambio de piloto), Ledesma siguió en pista más de lo necesario y quedó atrapado en la lenta fila, con su compañero esperando turno en boxes y principio de decepción. El sexto puesto en el que Ledesma completó los primeros 28 giros, asegurándose seis puntos más para el campeonato, se diluyó en el cambio. El binomio perdió media docena de posiciones cuando Menu comenzó su tarea. Encima, el suizo enganchó la primera pero en vez de pisar el embrague el apuro lo llevó a darle al pedal de descanso (una plancha fija en la que los pilotos colocan su pie izquierdo en carrera). Y el Astra se paró. Arrancó luego de que los mecánicos lo empujaran 25 metros.

Las fallas de los Honda, que penaron con la caja de velocidades (causa de los abandonos del sueco Rickard Rydell y el brasileño Carlos Bueno), el flaco y endeble motor del Peugeot 307 que Guillermo Ortelli compartió con Matías Rossi, trompos y roces abrieron el camino del consistente Menu. El suizo mostró su estirpe en las últimas 18 vueltas, en las que se mantuvo siempre entre los más rápidos, con tiempos de giro que desplazaban a las marcas de los punteros. Aunque había trepado hasta el tercer lugar, la diferencia con di Palma era indescontable. En el par de giros finales, Muffato entendió la orden que le llegó en español: tenía que dejar pasar a Menu para que éste le diera dos puntos adicionales a Ledesma. El brasileño lo esperó y cambiaron posiciones. Ése fue el último esfuerzo de Pro Racing por anticipar la definición del título. No alcanzó. Falta menos.


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